2 Contravalores o riesgos a evitar.
2.1 Poder manipulador de los medios de comunicación social.
Los directivos de los medios de comunicación crean, procesan, refinan y gobiernan la circulación de las imágenes y la información que determinan nuestras convicciones y actitudes y, en última instancia, nuestra conducta. Cuando los directivos de los medios producen deliberadamente mensajes que no concuerdan con los elementos reales de la existencia social, se convierten en manipuladores.
2.2 Vinculación indebida a grupos económicos que controlan la comunicación social.
Los medios de comunicación exigen inversiones importantes. Los directivos y propietarios de esos medios acuden, directa o indirectamente al capital, público o privado. Este puede prestar un apoyo muy útil a los medios de comunicación social si está consciente de que esos medios, a la vez que una inversión productiva, son un servicio a la cultura humana y social y se abstiene de interferir en la legítima libertad de los informadores, de los realizadores y del público.
2.3 Formación del hombre «adaptado» al sistema establecido.
Los medios de comunicación corren el riesgo evidente de configurar el tipo de hombre exigido por los intereses del poder social. Obstaculizados por el orden establecido, permiten formar el hombre que el mismo orden desea, es decir, un hombre a su imagen, no un hombre nuevo sino la reproducción del hombre tal cual es.
2.4 Deformación de los valores y frivolidad de la existencia.
Los medios de comunicación pueden enriquecer la cultura pero también despojarla de su belleza y dignidad porque con frecuencia se acomodan a la capacidad y comprensión del nivel más bajo de los oyentes o lectores. Como se dedica a estos medios tanto espacio, puede el hombre perder el tiempo en un ejercicio mediocre de su entendimiento y despreciar las cosas más elevadas y útiles. Una contemplación continuada de obras superficiales hará que se deterioren la delicadeza y profundidad de juicio de quienes habían ya conseguido una cultura superior.