De la infopolítica

Mar, May 27, 2008

Política 2.0


Luis Barragán

A nadie puede extrañar el empleo de las (aún) nuevas tecnologías para el desarrollo de las actividades políticas, así afloren severas dudas en torno a la concepción y diseño de la empresa interneteana en cuestión. Cobra una insospechada importancia, sobre todo en el marco de las democracias seriamente amenazadas, bajo las cuales los medios convencionales o impresos saben de la (auto) censura
sistemática, eficazmente inducida, renovado permanentemente el neoautoritarismo. No obstante, creemos descubrir algunos equívocos al pretender suplantar la realidad por una virtualidad ensimismada, confiando en el hospedaje de sendas páginas de rápida desactualización o en una efímera reforestación digital que, a falta precisamente de interactividad, no pasa del gesto amable y publicitario.

La llamada infopolítica va más allá de un atrevimiento, anunciando todo lo que puede acontecer en el mundo real por la movilización más o menos intensa de los internautas que osen mantener un determinado compromiso público. Susceptible de las más devastadoras guerras sucias que encuentran medios de compensación y superación, en el caso de una pronta, hábil y articulada respuesta de los afectados, también abre las generosas calles de un ejercicio ciudadano que no ha de perder de vista datos tan importantes como la (in) voluntaria conformación de las comunidades en procura de niveles organizados de opinión, configurando un determinado orden público electrónico, como punto de partida.

Desde aquélla nada rudimentaria y precursora campaña electrónica parlamentaria para el circuito de Baruta-El Hatillo, coordinada por Rafael Mourad a finales de los noventa, recogiendo una experiencia acumulada en los intercambios de Compuserve, y – curioso – en abierta competencia con los envíos postales y la recepción de faxes; el decidido impulso que dio Nelson Chitty La Roche a anteproyectos de leyes como el de la Privacidad en la Internet o el del Registro Público Electrónico, amén del proyecto preventivo sobre el Y2K que presentó César Pérez Vivas (valga acotar que pasó de nueve modestos artículos a casi 100 por la mentalidad estatizante de la entonces comisión de administración y servicios de diputados, ante-proyectos todos cancelados con el conocido cierre del Congreso de la
República), hasta el presente, mucho agua ha corrido por debajo de los puentes. La imprenta, la radio y la televisión, buscan el correspondiente cupo virtual de expansión y, con ellos, la dirigencia política que igualmente es asediada por los blogueros: el “posteo” de Noticiero Digital, la posibilidad de transmitir y publicar inmediatamente una fotografía o un video que recojan la angustiosa inquietud del ciudadano anónimo, apenas ejemplifican las promesas de una herramienta que sociólogos, politólogos, economistas e historiadores tratan de domesticar en sus aproximaciones a la globolocalización.

Hay quienes se irritan porque haya portales, correos y zonas de chateo en los que la campaña electoral está presente, manifestando una reacción semejante a la que experimentan en la urbe real, constante y sonante. Admiten, toleran y hasta reclaman la publicidad de los más variados productos y servicios comerciales, soportando las abusivas incursiones gubernamentales, pero – en franco y suicida desprecio a la política, garantizando la supervivencia del actual desorden establecido – tienden a menospreciar, insultar, invalidar, fustigar o suprimir las opciones y propuestas de la oposición, deseándola como la realización de un repentino milagro que – justamente – no comprometa la suerte e inquietud personal.

Llama la atención el desenvolvimiento exclusivamente digital de una postura opositora, preferiblemente bajo los auspicios de un pseudónimo que aligere las sospechas, aunque – es necesario repetirlo mil veces – no hay mundo virtual sin una prolongación en el mundo real, pues la infopista contribuye inmensamente a idear y concertar iniciativas cuyo único destino ha de ser una realización práctica ante un gobierno que día a día materializa sus desmanes. La ciudadanía ha de activarse utilizando las herramientas que tiene a la mano, empero, no habrá infopolítica si no aterriza literalmente en la política.

Y es que, tan elemental premisa, suele perderse en el bosque narcisista de los bytes que pisa la propia dirigencia política, partidista y social. Celebramos que haya una canalización interneteana de las preocupaciones generadas por el régimen, pero sólo se explican como ocasión para abordar una realidad inhóspita, inevitable tratándose de un destino inevitablemente compartido.

Este post fue escrito por:

rafaelmourad - who has written 104 posts on Un mar de conocimiento de un byte de profundidad :).


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